Niños sin modelo Cuando el papá no está

Durante la etapa preescolar, la presencia del padre juega un rol fundamental en el desarrollo infantil, porque es en ese momento cuando se adquieren las identidades de género, las que se dan a través de la experiencia y convivencia con los padres de ambos sexos. A través de la imitación, el niño asumirá conductas propias de su sexo y sentará las bases para la interacción social con sus pares. Tenderá a imitar las conductas aprendidas tomándolas como propias, por lo se vuelve tan necesaria la existencia de una imagen paterna sana y estable, aun en los casos en que el padre biológico no esté.

¿Dónde está mi papá?

Para las madres es difícil enfrentar con los hijos el tema del padre ausente. Para Adriana Otero, psicóloga infantil, lo fundamental es decirle la verdad al niño, enfatizándole siempre su condición de niño amado y deseado. Es importante hacer hincapié en que su situación no es única, ni lo hace diferente de otros niños. Hay que demostrarle que es un ser valioso e importante para todos.

En caso de fallecimiento del padre, es fundamental que el niño asista al funeral como manera de asumir lo ocurrido, para que entienda las razones de su ausencia y no sienta además de la pena natural, angustia y confusión. Cuando se trata de una separación, es vital que la mamá nunca descalifique al padre en presencia del niño, porque el hijo podría sentirse obligado a tomar parte en la disputa y alejarse innecesariamente de alguno de los dos.
En cambio, si el padre nunca estuvo presente o si no desea ver al niño, la madre debe hacerlo sentir por sobre todo querido, y recalcar que entre los dos son una familia.

Un padre sustituto

En las familias donde la mujer es la cabeza del hogar, la madre debe asumir una multiplicidad de roles. Es generalmente la sostenedora única de la casa, debe cumplir su papel de madre y ser al mismo tiempo fuente principal de cariño y afecto para su hijo. Asimismo, es la encargada de fijar los límites y administrar la disciplina, tarea tradicionalmente masculina o al menos compartida, sumando a todas estas obligaciones la presión y el estrés de ser la única responsable.

Adriana Otero, indica que ante esta sobrecarga de tareas es fácil que la madre, cansada, tienda a ceder fácilmente ante las demandas del niño y que no fije límites claros y suficientes. “Un niño que no es contenido en todas sus necesidades se sentirá poco importante, lo que puede desencadenar en conductas de riesgo y desadaptación”.

Según la psicóloga, es imposible que la mamá pueda ser madre y padre a la vez, y que en ausencia del padre biológico es fundamental que el niño cuente con una imagen paterna sustituta. Ésta puede estar dada por un abuelo o un tío cercano, que tengan un lugar estable en su vida y con los que el pequeño sienta confianza. “Es vital que exista una imagen masculina de confianza que imponga límites, porque el niño, a través de la imagen paterna, adopta su identificación sexual como hombre o mujer”.

En el caso de introducir una nueva pareja de la madre en la vida del niño, esto debe hacerse gradualmente y sólo cuando ella esté segura de la seriedad y compromiso de la relación. Si la madre presenta a la familia diferentes parejas, puede confundir al niño y someterlo al riesgo de nuevas situaciones de abandono.

La cultura de Internet

Un artículo de John

Los albores de Internet se sitúan en 1969, cuando se conectaron entre sí las computadoras de varias universidades de EE.UU. en un proyecto de investigación del Departamento de Defensa.

Paradójicamente se concibió como un servicio de uso restringido, lejos de imaginar que dos décadas más tarde la “red de redes? produciría una auténtica revolución en la sociedad y que a escala mundial millones de usuarios llegarían a estar conectados de forma interactiva. El “boom? de Internet apareció en la década de los 80-90.

Coincidió con un periodo de bienestar económico generalizado en todo el mundo y de progresos tecnológicos muy rápidos. Los niños que nacieron entonces, conocidos como generación Y, fueron los que vivieron de forma más activa estos progresos y veinticinco años más tarde, junto con la generación posterior (la Z) siguen siendo protagonistas de esta revolución.

Si la forma básica de Web 1.0 era solo una herramienta de acceso a información, con la aplicación de la Web 2.0 y la llegada de las redes sociales el panorama cambió. Nuevas formas de comunicarse, de aprender y de compartir información modificaron la forma de interrelacionarse. Internet no es únicamente evasión, juegos y chateos inconsistentes. La inmediatez con que se accede y se comparte información nos permite saber qué ocurre en tiempo real al otro extremo del mundo.

La gente tiene más voz y los pueblos más capacidad de expresión. La primavera árabe, el movimiento de los indignados y otras movilizaciones sociales han sido promovidos o apoyados por los jóvenes a través de las redes. El conocimiento ya no es privilegio de unos pocos. La profusión informativa y la diversidad de contenidos permiten el aprendizaje formal e informal de cualquier materia. Las redes profesionales facilitan contactos y oportunidades de negocio.

El teletrabajo posibilita la conciliación familiar. Las videoconferencias, los chats y foros comunican on-line a personas de zonas distintas. Y seguimos avanzando aún más con la Web 3.0 o semántica. Aplicaciones Web que se conectan a aplicaciones Web e interpretan su información. La era de la realidad ampliada donde se eliminan las barreras entre lo real y lo virtual. Todo un reto.